lunes, 6 de diciembre de 2010

Y... ¿Cómo?

La primera vez fui al lugar indicado, pero la segunda me transformó en cera caliente...

Cada poro absorbía el calor que nunca había podido obtener solo,

yo sentí que no era la misma, que me atacaba una incandescente luz que no podía alimentar

estaba en el éxtasis más incontrolable y doloroso que nunca pude haber sentido.

Un escalofrío me invadía al ritmo de cada suspiro, las piernas me cambiaban de color con cada mirada,

el cerebro me revotaba en el craneo y el olor a muerto era lo único que me mantenía viva...¿lo ven?

cada puta incongruencia iba endurenciendo la cera y apagando la llama de la locura,

hasta que decidí volver...

Ahora camino sobre los caminos, tropiezo con las flores y las piedras me resucitan, adoro los colores de la naturaleza pero amo más su inestabilidad; esa que nunca deja de descubrir posibilidades, la que puede ser transformada sin perder su escencia y esa que expande su aroma hacia los que se permitan disfrutar de esa efímera delicia. Puedo correr por tus sentidos sin miedo, porque el miedo es producido por el peligro y, aunque me gusta el peligro, todo lo que soy es riesgo que no se convierte meramente en peligro entonces, somos.

Lo impenetrable mí es lo único que me pertenece porque es la única forma de ser sin que nadie me mute. Si tengo una coraza que me aisla es por todo aquello del mundo que rompe sonrisas, que asusta a los más ingenuos y preocupa a las mentes ocupadas en curarlo, pero nunca me calla, siempre está vivo en mi ese deseo de volar para atravesar las nubes y que me empapen de su ácido dolor de madre.

Y porque así podría seguir ...

Y como así nunca podría terminar de contar tus enredados cabellos..

Y para seguir cantando se necesitan voces...

y... ¿Cómo podré gritar sin ser apagada?

Cuando cantemos esa melodía que nos hace vivir sin oprimir, estaremos comenzando a revivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario