Me enciendo como el amanecer al ver tu sangre derramar,
tu roja sangre que grita destrucción.
Se despiden los latidos de la mano cansada que siembra esperanza
y un árbol cae, muere uno más. Mientras tanto pesar,
la vanalidad deslumbra tu pensar
empañando la realidad que no es logro de muchos
ni belleza de flor, es un agrio sabor a conformidad.
Es el estado en el que parece pero no es,
como todo, las apariencias guían los corazones y es igual.
Solo falta convicción,
crear el vicio de la pasión, poner en marcha realidades alternas,
mutar a la sociedad, abstraer ideas, transmitir emociones y sencibilizar,
volver al sueño de libertad.
Poco a poco va cayendo la noche
duermo temiendo que una superficialidad revierta lo logrado
y la ceguera se vuelva lujo.
No lo permitiremos, soñaremos.
No nos jusgaremos, actuaremos.
Y nunca caeremos, cambiaremos.
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