lunes, 6 de diciembre de 2010

Otro más.

Me enciendo como el amanecer al ver tu sangre derramar,

tu roja sangre que grita destrucción.

Se despiden los latidos de la mano cansada que siembra esperanza

y un árbol cae, muere uno más. Mientras tanto pesar,

la vanalidad deslumbra tu pensar

empañando la realidad que no es logro de muchos

ni belleza de flor, es un agrio sabor a conformidad.

Es el estado en el que parece pero no es,

como todo, las apariencias guían los corazones y es igual.

Solo falta convicción,

crear el vicio de la pasión, poner en marcha realidades alternas,

mutar a la sociedad, abstraer ideas, transmitir emociones y sencibilizar,

volver al sueño de libertad.

Poco a poco va cayendo la noche

duermo temiendo que una superficialidad revierta lo logrado

y la ceguera se vuelva lujo.

No lo permitiremos, soñaremos.

No nos jusgaremos, actuaremos.

Y nunca caeremos, cambiaremos.

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