Oirte como al estruendo de los cristales evaporados
pedir clemencia al pensamiento fugaz
desprendiendo las llagas azules que encarnan mis nervios
para gritarle a las razones y a su imponente presencia.
Enchufar mi tiempo a la luz para que no se extinga
en el clarobscuro de la vida, todo parece endurecer
decaen los naranjamarillos del atardecer
para desahogar mis razones y fundirlas con las tuyas, las tuyas.
Me marea perseguir cables infinitamente mortales
quisiera abandonarme al rio morado de golpes
sostener la última flor sin pétalos y
con ella apedrear esas razones que arrastran impotencias puras.
Patinar desnuda en los árboles
bailar con un cadaver durante su funeral
hacerle cosquillas al presidente y que se orine de risa
para arrancar razones a cerebros enclaustrados.
Se me revuelve el estómago al pensar en tu color
no quiero llorar rios que desemboquen en el mar de la incertidumbre
quiero arrojar mis flores al preciado vacío
y gritar a las razones por su falta de comprensión.
Que todas las almas asfixiadas griten. Griten sin recato, desapareciendo el pudor del universo.
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