lunes, 6 de diciembre de 2010

Gritar las razones.

Oirte como al estruendo de los cristales evaporados

pedir clemencia al pensamiento fugaz

desprendiendo las llagas azules que encarnan mis nervios

para gritarle a las razones y a su imponente presencia.

Enchufar mi tiempo a la luz para que no se extinga

en el clarobscuro de la vida, todo parece endurecer

decaen los naranjamarillos del atardecer

para desahogar mis razones y fundirlas con las tuyas, las tuyas.

Me marea perseguir cables infinitamente mortales

quisiera abandonarme al rio morado de golpes

sostener la última flor sin pétalos y

con ella apedrear esas razones que arrastran impotencias puras.

Patinar desnuda en los árboles

bailar con un cadaver durante su funeral

hacerle cosquillas al presidente y que se orine de risa

para arrancar razones a cerebros enclaustrados.

Se me revuelve el estómago al pensar en tu color

no quiero llorar rios que desemboquen en el mar de la incertidumbre

quiero arrojar mis flores al preciado vacío

y gritar a las razones por su falta de comprensión.

Que todas las almas asfixiadas griten. Griten sin recato, desapareciendo el pudor del universo.

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