lunes, 6 de diciembre de 2010

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Un suspiro de mar que me quema

destroza mi débil coraza

evapora el sudor desabrido.

Entre la marea aparezco

bajo la luz de la luna,

fría y humeda

la noche duele

hace que las ideas divagen en emociones infinitas.

Mientras la espuma de los sueños me deslumbra

camino sobre nada,

cae todo sobre mí

recorre mi naríz hasta llegar a los pulmones

y el último aliento se vuelve una frágil burbuja.

El viaje termina, regreso a tierra firme

y me invade la sensación de no estar

un cuerpo sin alma

un ave sin plumas

la inmensidad sin sus estrellas, sin luz.

Perdida, sostengo la primera sonrisa

la cuelgo en mi pecho y sigo...

la cabeza girando en el cielo.

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