Un suspiro de mar que me quema
destroza mi débil coraza
evapora el sudor desabrido.
Entre la marea aparezco
bajo la luz de la luna,
fría y humeda
la noche duele
hace que las ideas divagen en emociones infinitas.
Mientras la espuma de los sueños me deslumbra
camino sobre nada,
cae todo sobre mí
recorre mi naríz hasta llegar a los pulmones
y el último aliento se vuelve una frágil burbuja.
El viaje termina, regreso a tierra firme
y me invade la sensación de no estar
un cuerpo sin alma
un ave sin plumas
la inmensidad sin sus estrellas, sin luz.
Perdida, sostengo la primera sonrisa
la cuelgo en mi pecho y sigo...
la cabeza girando en el cielo.
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