Una noche tan obscura como mis pensamientos que se expanden en toda la habitación destrozando las ventanas, comiéndose las cobijas con las que me protejo de la inmensidad del amor terrenal.
Dos, cuatro, tres, dos, veinte, cuento mis errores, los vuelvo cucarachas azules, las piso, me las como, vomito, absorbo mi vómito. Enredo mi lengua para comerla y que no hable, pero me asfixio en mi propio closet. En él guardo un claxon con aullido de perra en celo, es aquel que me defiende de la obscuridad necesaria para reconocer la luz; una flor de lis que engalana mis pensamientos que te desnudan y le gritan a tu miembro las cosas más asquerosamente deliciosas; aquel vestido amarillo abismo, color contradicción que me pinta cada día; un zapato roto que descubre mi dedo pequeño, tan pequeño como el hecho de volver a encerrar mi dulzura, pasión, amor en el closet invisible.
Quiero un dulce de leche como el que me daba mi madre antes de ir a la escuela, quiero acurrucarme junto a mi perro y quedar dormida sin importar el tiempo, quiero conocer el azul verdadero, quiero caminar con los sentidos por toda mi vida y descubrir ese pequeño tropiezo abstracto que detuvo mi evolución en un momento fugaz, quiero descubrir mis propios ojos besándolos con mis labios, quiero morir hoy para despertar siendo una flor con una simple y hermosa función, vivir haciendo feliz a los demás.
Es una idea, es un momento, es un silencio sin comienzo. Desmorona mi idea y aviéntala al mar, que se la traguen los peces y se alimenten de mi esencia, así podría observar el mar desde abajo, así podría merecer pisar la arena tibia de las once de la mañana, así podría tener una conclusión para este texto...
¡Anda, hazlo! Sólo espero una luciérnaga más indicándome que estoy enamorada de la vida.
http://escribeelultimolibro.com/
ResponderEliminar