jueves, 3 de marzo de 2011

Una historia más.

Recuerdo mis huellas sobre la húmeda calle empedrada, las luces deslumbrantes de las ambulancias que iban cerca de la avenida, a la cual no quería llegar nunca, las gotas de la primera lluvia eran ácidas y resbalaban por mi cuero cabelludo acariciandome sutilmente mis poros deseaban absorber toda la acidez posible hasta el punto de sentirme de nuevo con aquel ente que que se deslizaba en mi espíritu bajo la ruta de una serpiente veneosa, no sabía cuando iba a atacar o cuándo yo no resistiría el miedo y la trataría de alejar con un beso. Pues así, emergiendo de lo que parecía un sueño lúcido, me llegaban esos deseos con cada gota, sentía una cuerda que me jalaba hacia la pequeña escalera que había bajado metros antes, esa escalera se dirigía cautelosamente hacía una puerta de un departamento diminuto, con dos camas diminutas con sábanas diminutamente azules como mis cabellos. En él se encontraban tres personas, una grande, una loca y uno que pensaba en ella, aquella mujer del cabello castaño, ojos de enredadera, sonrisa inigualable, él la deseaba. Uno, fue absorbido por mi cerebro, partícula por partícula, mi estómago lo digirió y de él salían lechuzas grises, con él podría cruzar el universo y tomar café hirviendo en una taza de papel imaginario, verlo dormir sin parpadear, acariciar su guitarra pues sentía que era parte de él, conocer cada imperfección y crearle una historia memorable, pero solo era un ideal más.Nada trascendente.
Sigo por esa calle, los ojos bajan su color, decido volver a caminar para que mi melancolía fuera más abundante y poder deprimirme adolescentemente a gusto, entonces, mi mente comenzó a cambiar el aspecto de todo mi alrededor, las gotas eran rojas, los charcos verdes, las ambulancias tenían vida y me veían con ojos de compasión, las personas crecían al acercarse y se convertían horrorosos monstruos con cerebros pequeños que me observaban criticando cada estupidez visible, no sabían que me ocurria y ni les importaba, solo absorbían la poca buena vibra que exhalaba. La cuerda que me ató, se hizo visible, era de un amarillo chillante, crujía a cada paso, veía el sol caer sobre el mirador de la cuidad invisible y quería que mis lágrimas inundaran todo para poder llegar nadando, y que la cuerda se pudriera, y que mi espíritu se elevara como en unos momentos antes.
Lo anterior pasó, fue, creció, se reprodujo y murió. No había vuelto a caminar por esas calles... hasta aquella conexión que tuve con Uno atravez del mejor lugar para estar juntos, el mundo de los sueños...

No hay comentarios:

Publicar un comentario