martes, 26 de abril de 2011

Los insectos me asustan tanto como el amor.

Hoy no sé
mañana talvez
el futuro ricamente incierto
avientate al abismo sin tapujos.

Como a las polillas,
el amanecer me mata
en un viaje intenso hacia la luz,
el peor enemigo de tus caricias.

Una cucaracha voladora
molesta mi cielo de noche
irrumpe mis sueños
humedamente cómoda en tí.

La mantis religiosa es tan sigilosa
a nadie le espantan sus largas extremidades
su camuflaje perfecto, su aparición inesperada
como el inocente pudor ciego.

Hormigas rojas, hormigas negras
cabulean a mi piel con tus dedos
mis poros piensan en él
al primer gemido de dolor,
esas malditas me picaron sin sabor.

Ya sé, ya sé
no es fobia,
es un alto grado de sencibilidad
que me impidió hablarte
me quedé buscandote
y los insectos comieron mi carne.








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